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Ponencia Carlos Nores en próxima Conferencia sobre la Ría

Carlos Nores será uno de los ponentes en las próximas Conferencia sobre la ría, que se celebrarán en el Teatro Riera de Villaviciosa el 6 de Agosto de 2026. Su ponencia versará sobre el pasado y presente de los porreos. Reproducimos un artículo sobre el asunto que no pierde actualidad.

Artículo de opinión de Carlos Nores publicado en El Comercio · 1 de febrero de 2024

Los esfuerzos para tratar de que los porreos de Villaviciosa no sean engullidos de nuevo por la ría parecen ir contra las estrategias de la UE sobre la naturaleza. No tienen en cuenta los valores culturales que mantiene un paisaje tan singular como estos polders asturianos.

Hemos comentado en otras ocasiones algunos casos de reasilvestramiento más o menos polémicos. Toca hoy hablar de los porreos de Villaviciosa, para intentar aportar alguna luz al debate que desde hace años se viene desarrollando sobre si deben restaurarse o dejarse languidecer hasta su desaparición.

Tal vez alguno desconozca qué son los porreos. Son prados ganados al mar, situados por debajo del nivel de marea. Para crearlos, algunas de las más adineradas familias de la zona levantaron diques que aislaban las antiguas junqueras y fangos intermareales del agua de la ría, cavaron canales de drenaje para que el agua de la lluvia no los inundase y construyeron un ingenioso sistema de compuertas que permitía al agua salir, pero no entrar. Como los polders holandeses, pero a escala local.

La mayoría de los porreos se generaron a partir de las desamortizaciones del siglo XIX, que buscaban generar ingresos para el Estado. Se otorgaban concesiones —que no ventas— a promotores dispuestos a cerrar estos terrenos para convertirlos en tierras agrícolas o ganaderas: una privatización de un terreno común, como eran los bañados por el mar. Así, Rosendo Villaverde recibió autorización en 1861 para cerrar en la desembocadura del río Sebrayo; al año siguiente se cerró el porreo de El Salín, comprado por el abuelo del famoso marqués de Villaviciosa; en 1870 se reparó el porreo de Muslera, cuyo cierre se había roto; y en 1873 se concedió a Bernardo Llanos y Álvarez de las Asturias una nueva concesión para aprovechar otras marismas del Estado. Los proyectos de polderización siguieron hasta 1954.

Aunque el objetivo de las concesiones era puramente económico, la artificialización de las márgenes de la ría tuvo efectos ambientales notables. Los terrenos aislados de la influencia marina se fueron desalando y colmatando hasta producir suelos muy productivos; la lluvia y los canales generaron pequeños ecosistemas palustres, y los cultivos y pastizales desarrollaron una flora y una fauna que conocimos durante todo el siglo pasado. Pero la cosa empezó a cambiar: en la segunda década de este siglo, una tras otra fueron rompiéndose las barreras que aislaban muchos porreos, que se inundaron. ¿Por qué ninguna administración se encargó de reconstruirlos? La respuesta, en opinión del autor, nos deriva hacia la legislación europea.

La Directiva Marco del Agua, aprobada en el año 2000 y traspuesta a la legislación española tres años más tarde, tiene como objetivo evitar el deterioro de los recursos acuáticos y dedica especial interés a las aguas transicionales, es decir, a las rías. Propone identificar las alteraciones morfológicas ocasionadas por las intervenciones humanas sobre las masas de agua y su reversión al estado original. Y así choca con la conservación de los porreos. A ello se suma la Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE, consecuencia del Pacto Verde Europeo de 2020, que pretende revertir las alteraciones provocadas por el ser humano en los ecosistemas europeos.

La Directiva Marco del Agua solo se encarga de la protección del agua y da preferencia a la naturalidad de las aguas transicionales sobre otras actividades humanas. No tiene en cuenta los valores culturales que mantiene un paisaje tan singular como estos polders asturianos, que pueden estar protegidos por otras normas. Llegado el caso, serían los tribunales quienes deberían establecer qué leyes prevalecen.

Todos sentimos añoranza del paisaje que conocimos en nuestra infancia y juventud; para cada uno es su marco de referencia, la Arcadia feliz en la que todo cambio supone un riesgo de degradación. Esto, en Biología de la Conservación, se conoce como el Síndrome de las Referencias Cambiantes: ¿cuál es la situación original que debemos recuperar? ¿La que recordamos nosotros? ¿La de nuestros abuelos? ¿La Edad Media? ¿El Neolítico? En Villaviciosa, recuperar el estado «original» nos llevaría a la época anterior a los porreos, si no se tienen en cuenta sus otros valores culturales y ambientales que las leyes europeas no han considerado.

En resumen: parece un tema ideal para hacer una tesis doctoral de Derecho Administrativo.

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