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Protejamos Nuestra Ría
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El humedal de El Salín se seca ya en junio

Sólo hay que abrir una válvula para que entre el agua.

Publicado en El Comercio · Sara García Antón, Villaviciosa · 5 de junio de 2026

Protejamos Nuestra Ría critica la falta de mantenimiento de esta zona de la reserva: «Sólo hay que abrir una válvula para que entre el agua».

Ni rastro de las cigüeñuelas ni de las espátulas ni de las otras aves que acostumbran a dejarse ver en el humedal de El Salín, pegado a la capital de Villaviciosa. Con ellas se han ido también los numerosos aficionados a las aves que acudían a fotografiarlas en su hábitat. ¿La causa? El humedal ha vuelto a secarse, como ya sucedió el verano pasado. Ahora, además, esta situación se ha producido a principios de junio.

La ausencia de agua en este espacio, dentro de la Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa, ha desatado la preocupación y también las críticas. El colectivo Protejamos Nuestra Ría carga directamente contra la gestión del Gobierno del Principado hacia estas charcas, creadas como tal durante las obras de construcción de la autovía del Cantábrico.

En febrero de 2020, en el Foro de Participación de la Ría, se establecía con todo detalle cómo había que proceder para la adecuada conservación de este entorno, de gran riqueza en cuanto a la fauna. Pero, a tenor del estado actual de la zona y de las tantas veces que se ha secado, no parece que se haya llevado a cabo esa labor. Así lo entienden en Protejamos Nuestra Ría, cuyo portavoz, Ignacio Alonso, responsabiliza al director general de Custodia del Territorio, David Villa, y a todo su equipo: «Entre todos están logrando liquidar por desidia y desatención la Reserva y sus valores naturales».

Y es que para evitar que la charca se seque hay que abrir una compuerta, de lo que se ha de encargar un guarda: girar una válvula, cuando los aportes de agua dulce no sean suficientes, durante la pleamar para que entre el agua de la ría. «Pero se han olvidado de hacerlo tantas veces», lamentan en Protejamos Nuestra Ría, «que al final la charca se seca».

Algo que se podría evitar si se aplicara aquel protocolo, recogido en el acta de la reunión del 25 de febrero de 2020 del Foro de Participación de la Reserva. Ahí se detallaba un protocolo de apertura y cierre de la compuerta para los meses más secos —junio, julio y agosto—, consistente en abrir al máximo la misma cinco días antes de cada marea viva máxima y cerrarla totalmente dos horas después del pico de pleamar. Se estimaba que con doce maniobras de apertura y cierre cada verano se lograría maximizar la entrada de agua y minimizar las pérdidas entre mareas vivas. «El resto del año no hay problemas de falta de agua», recogía el acta.

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